Aprendiste alguna vez a sentir
calor lejos mí, en ese día cuando creí que era suficiente de ti. Sacaste una
sonrisa de tu chaqueta, cargaste tu maleta y te vi desde la ventana ¿A dónde
ira? Me preguntaba, mientras fingía que no me importaba, en lo mínimo, en lo
absoluto, no era nada que no se quitara con una copa de mas, unos cuantos besos
de a peso y fiesta con agua y jabón. Me miraste de esa manera, como cuando te pedí
que bailaras conmigo aquella canción y que me rechazaste de plano recuerdo que me
dijiste “vuelve a intentarlo”. Sonreí desde mi habitación, allá va aquella
mujer con su chaqueta y maleta de adiós, allá va una vez mas ¿A dónde ira?
Cuando el frio vuelva a mi casa ¿en dónde estará? Quizás volverá, quizás deba
detenerla ahora ¿si se va y no vuelve jamás? No tiene a donde ir, no tiene con
quien estar, enfermara de estar sola, a lo mejor se canse y muera en la
angustia, pobre mujer ¿A dónde va? ¿Por qué no se queda conmigo? ¿Acaso no le
son suficientes unas horas al día? ¿Qué le hace falta? ¿Ahora quien le hará
compañía? ¿A quién servirá su exquisito desayuno? ¿A quién besara? ¿A quién
entregara su calor? ¿A quién hará feliz sino está conmigo? Pobre, miserable
mujer que no tiene a quien hacer reír, más que a mí que estoy acostumbrado a
sus caricias y que odio su ausencia ¿A dónde vas?
La vi cruzar la calle y Cayó sobre mi estómago
ese horrible pesar, esa asquerosa lastima atiborró de lamentos mi horario del
café, no era por ella no era por esa mujer, era por mí por quien sentía pena,
será mejor ver leer el periódico.
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