No éramos buenos para eso de
amar, en eso de comprender y escuchar nos faltaba, para aquello ser atentos
había mucho de que discutir, no, no éramos buenos amándonos, yo olvidaba las
fechas, ella odiaba mi ropa, yo quería un perro que se llamara Lucas, ella una
enorme cama donde cupiéramos los dos ¿para que si podíamos hacer el amor en el
piso? No comíamos juntos, yo no le hacía llamadas inesperadas, ella no me decía
que me extrañaba, yo no le preguntaba cómo le había ido en el trabajo, ella
nunca supo que mientras estuvimos juntos me echaron tres veces del mío, que
cambié de carrera y que me gané un concurso de poesía, no era el amor que todos
soñaron tener, era el nuestro, la imperfección danzando entre nuestras
caricias, los vacíos de silencio después de cada beso, dos perfectos
desconocidos que se veían por primera vez cada mañana, un amor a primera vista
de trecientos sesenta y cinco días al año, prólogo sin primer capítulo, eso éramos,
dos almas que se olvidaban y despertaban juntos para volver a amarse, no éramos
buenos para el amor para siempre. Éramos buenos para amarnos en cada uno de
nuestros instantes
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