Son los tropiezos los que
te hacen persona, mucho más si aprendes a levantarte, así como son los días lo que
te hacen sabio solo si estás dispuesto a aprender ¿habías visto alguna vez al
amor como un bache en el camino? Pues lo es, pero no como cualquiera, este es
sin duda un reto que pocos asumen, enamorarse es un compromiso mucho más
unipersonal que de pareja, quien ama comprende que debe darse así los medios
para ser lo que lo otra persona espera tener, es algo que cuesta aceptar, por
eso el temor existe alrededor, por ello es un bache.
Yo tropecé la primera vez
una tarde de abril, lo recuerdo así como al principio lo olvidaba, pero parece
que la soledad te aclara la memoria, alguien me había contado de ella y supo
hacerlo de tal forma que despertó mi interés, cuando la conocí no pensé en
quererla, jamás había pensado en eso antes, no desde que encontré las maneras
de zafarme de los compromisos, pero cada quien tiene un maestro esperando en algún
lado, con el rostro de cualquier persona buscando darte una lección, no lo entendí
de esa forma sino hasta ahora, la vida no era sino un espejo empañado en donde
dibujaba caritas felices, luego poco a poco el silencio fue disipando la
humedad y logré verme del otro lado.
Cuando me enamoré por vez
primera creí que todo iría bien con mi suerte de conquistador, cuando prensé la
primera espina con mis dedos pensé que el dolor sería algo momentáneo, pero se
fue haciendo tan hondo que aprendí a soltar lágrimas de arrepentimiento,
sí, me sentí humano entonces. Pero antes ya había conocido las formas de hacer
daño y disfrutar de ello, ese era un vicio difícil de soltar. Oriana, era la
sencillez caminando debajo de un vestido azul, recorriendo los senderos del
parque, respirando la tarde como cualquier ave de jardín, y algo en un principio
fue en absoluto distinto, no solo me gustaba y quería tenerla conmigo, también algo
cálido se había derramado dentro de mi pecho, algo que me hacía apretar fuerte
los ojos o así era como lo detenía, sinceramente no me gustaba ese tipo de
sensaciones.
Esa vez le hablé por
medio de otra persona y llegó con agrado a sus oídos mis intereses, tanto que
el protocolo no fue necesario, cero llamadas, cero flores, ningún dulce,
ninguna canción, en una fiesta que ofrecía uno de mis compañeros la saqué a bailar,
esa vez llevaba un vestido rosa hasta las rodillas, el cabello suelto y la
mirada cargada de algo parecido a la ansiedad, pero lo supe después, cuando me
acerque a su cuerpo, su corazón quería reventar las paredes de su pecho, no había
dicho nada en toda la noche, solo sentía sus manos temblorosas enlazando las mías,
su mejilla fría y uno que otro tropiezo que le hacía bajar la mirada, se
mantuvo distante, quizá imaginando cualquier otra cosa, yo tampoco tenía mucho
que decir, pero era mi momento y era el espacio indicado para intentarlo, sostuve
su rostro delicadamente e intenté buscar su mirada, pero me esquivó, no podía ver
lo que estaba sucediendo, alrededor de nosotros se tejía todo un público a la
expectativa, ella había estado enamorada de mi incluso antes de que yo la
conociera, no me explicaba como eso podía suceder, pero estaba pasando, cuando
vi de nuevo su rostro lo recordé, ese cabello no siempre estuvo suelto, esos
ojos cafés una vez llevaron lentes, esa sonrisa no siempre fue impecable, todavía
en esos días me reía de la veces en que me burlé de ella, de las cartas que rompí
en su cara, de las bromas y patanerías, “Tomate” como le decíamos antes de que
se fuera de la escuela, era ella, simplemente hermosa y quería que la vieran como mi chica.
Alguien gritó en el fondo “bésala” y la atajé en mis brazos casi impidiéndole escapar y me dejé caer sobre sus labios, un beso frío, un beso
simple, torpe, con mucha saliva y que me dejó un sabor a fresas en la boca,
luego se escurrió de mí y sin decir palabra se marchó, dejó de hablarme por
mucho tiempo, quizá me estaba probando, quizá se estaba vengando, eso pensé,
porque la busque tantas veces como me rechazó. Un día en el calor de la tarde
pasé visitar a un amigo, el único que tenía y eso porque la vida nos había dejado
toda nuestra existencia en los mismos espacios, un hombre tan distinto a mí,
que se podría decir que era la parte buena de todo lo que entonces era yo, allí estaba
ella sentada en la mesa del comedor comiendo un postre de chocolate, al verme
llegar se despidió y se marchó a prisa, Teo lo entendía y conocía la razón de
su reacción, había sido su amigo incluso desde aquellos tiempos en que yo le
lanzaba cuadernos en la cara.
Pero que quede claro, yo
nunca la quise, nunca me permití sentir algo por ella mientras estuvo a mi lado, solo era el capricho de
poseerle y que viviera pensando en mí. Una mañana, después del entrenamiento de
sábado en velódromo, la encontré, estaba sentada en el parquecito, algo me dijo que me
estaba esperando y me acerqué, no dije nada, solo me senté a su lado, ese instante lo recuerdo a la perfección, la
brisa fría jugando con las hojas del almendro, el silencio de una carretera vacía,
el destello de un sol que luchaba con un cielo gris, el pasto húmedo, las
golondrinas, todo, permanecimos en silencio por mucho, ni si quiera había volteado
a verle, pudo haberse ido que no lo habría notado, o tal vez sí, porque un fuerte
palpito en mi pecho advertía la cercanía, casi a un metro de distancia su respiración
parecía llegar hasta mi nuca, entonces oí ese suspiro que disipó todo, reí
despacio “Tomate” dije, ella se giró hacia mí y extendió su mano ¿crees en el
amor a primera vista? Me preguntó, no pude responder, ella siguió diciendo “yo sí,
desde que te conozco creo que es cierto, yo me enamoré de ti, a pesar de lo patán
y grosero que eras conmigo, a pesar de tus burlas, de tus bromas de mal gusto y
de que solo me hablaras para que te pasara la tarea, fueron muchos días, no
imaginas cuantos, en los que volví a casa sintiéndome estúpida, llorando
desconsolada, rayando mi cuaderno, rompiendo las paginas con tu nombre, yo me
fui porque detestaba tu rechazo, porque no quería seguir amándote y aun así me
vi en el espejo un día pensando en ti, fue entonces cuando decidí volver, ahora
de esta manera como me ves y no sabes cuánto me alegró saber que ahora si te gustaba, pero
no sabías que era yo y eso volvió a romperme el alma, ahora estas aquí y
supongo que algo quieres decirme, te digo que no es necesario, no me importa, la respuesta es sí, es
que aun te amo” todo aquello lo retractó con una frase meses después, pues nunca aprendí a valorar nada, nunca supe
amar, nunca deje que me amaran, no sé si por miedo o porque simplemente no sabía
cómo hacerlo “después de todo uno nunca sabe lo que es el amor, uno solo se
decepciona una y otra a vez, hasta que alguien lo valga tanto como para que decidas olvidar y sigas intentando” eso fue lo que me dijo y terminó conmigo, esa vez
no sentí nada, las personas como yo se enamoran en los funerales, las personas
como yo viven a destiempo, lloran en el fracaso y advierten la caída después del
golpe, no sabemos aprender, días después comencé a sentirme tan solo como miserable, días después empecé a ver todo eso que nunca antes vi en ella, tiempo después de que me dejó comencé a extrañarla y en el castigo de su ausencia me enamoré como si ella fuese la única mujer que importara, y lo era.
La última vez que la vi
llevaba puesto aquel vestido rosa que le conocí en la noche que le di el primer
beso, se veía feliz, pero lo que más me sorprendió es que ahora si estaba
enamorada, eso me contaron las paredes blancas del pequeño parque donde solíamos
hablar hasta tarde, no sé si ha sido mi impresión, pero un leve suspiro
descansó en mi conciencia, más por agradecerle al destino que enmendó uno a uno
mis errores, aunque no fue gratis, la última vez que la vi, iba de la mano de
quien fuese mi mejor amigo en aquellos tiempos donde para amarle primero
consultaba con mis ganas de hacerla feliz y siempre acababa por frustrar sus
ilusiones, creo que aun la amo, pero nunca quise que fuera mía, al menos no
tanto como quiero que lo sea hoy.
Siento, no sé si sea solamente yo, como que algo ha cambiado en tu forma de narrar, creo que has crecido.
ResponderEliminarMe gustó cómo narras los sentimientos del chico, suenan convincentes y eso es algo muy importante; que se sienta real.
Sigo percibiendo un par de errores con los signos de puntuación, nada grave.
Me ha gustado con lo que me he encontrado.
Nos leemos.
Amigo que buena historia estoy muy orgullosa de ti sigue asi y seras grande.
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