martes, 23 de diciembre de 2014

15 segundos. (una historia de amor)

Aquel que sepa cada cosa sobre el amor y fuese capaz de escribirlo en un libro, más le vale que invente también la forma de destruir el mundo, porque habrá acabado con toda razón de ser de la existencia del hombre.

Andrés en toda su vida solo conoció una mujer bella que además tenía un rostro hermoso, pero la conoció muy temprano, en aquella etapa donde sus sentimientos se mezclaban con el menester de experimentar con cada cosa nueva que sucedía en su cuerpo, si, fue una relación precoz, como todo en ese tiempo, pero si alcanzó a dejar quemaduras sobre lo que sería la base de su experiencia en el amor.

Aquello fue  una mañana en horas del descanso, donde su mejor amigo en ese entonces se le acercó con esa mirada sagaz que solo podía indicar que algo inmensamente interesante tenía en mente. En sus manos traía la prueba fehaciente que fracturaba todo concepto de moral que manejaban acerca de los maestros de su escuela, una nota firmada a puño y letra por su profesora de naturales donde invitaba a un alumno del salón a faltar a las normas institucionales, aquellas que indicaban el tipo de relación que estaba permitida entre un docente y un estudiante.

El manuscrito contenía indicaciones para concretar una cita, que más que indicaciones parecían pautas para inducir una respuesta afirmativa. Andrés la leyó hambriento de curiosidad, buscando entre las líneas el éxtasis y el morbo que le producía imaginar una escena en donde el fuera el protagonista del inminente escándalo que estaba dispuesto a formar con aquel papel entre el resto de compañeros de la escuela.
Pero su cuerpo quedó totalmente helado cuando su amigo Mane le preguntó que si iba a ir a la cita. 
Y allí estaba él, con las ropas más decentes que pudo encontrar en el desorden de su armario, con el rostro turbado, las piernas temblorosas y las manos frías. 
Allí estaba ella más casual que nunca, se veía hasta más niña que él, lo que lo hacía sentir ridículo, más aún cuando por gracia y ocurrencia de todo aquel que sabe que domina el momento ella le preguntó que si necesitaba padrino para la confirmación, cualquiera esperaría que su respuesta fuese más mordaz que dicho comentario, pero ella no había tenido la intensión de insultarle y se lo hizo saber, pues solo se fascinaba con su inexperiencia y se alegraba por  conocer la esencia de aquel ser especial que se escondía debajo del tosco traje de la rebeldía.

Mientras tanto él se preguntaba en qué momento se iban a dar un beso. Ni siquiera imaginaba que estaba siendo observado desde la peculiar óptica femenina que es capaz de ver a través de los ojos la pureza de un ser, pero entre tertulias y chistes que buscaban más acción que gracia, ella complació su ansiedad con un beso que le hizo mojar hasta la imaginación, solo fueron 15 segundos, allí ambas mentes se cruzaron en el camino para luego separarse y comprender en vista panorámica lo que aquello significaba para el otro.
Pero que ambos se den cuenta de que están equivocados, no significa que a ambos les afecte de igual forma, ella no hizo más que cuestionarse su accionar ingenuo ante una situación que comprendió semanas después que no tenía futuro, más por su experiencia que no fue capaz de advertirle que no abriera la puerta a ese palpito engañoso que le hizo escribir una nota a un posible amor.
Él, sin embargo se jactaba en la experiencia vivida y recordaba con emoción cada momento, aunque eso le deprimía  tanto como comprender tarde la diferencia entre una mujer amada y una mujer deseada, así que insistió tantas veces que no hubo más remedio que enfrentarse a un adiós sin vuelta atrás. 

Ella sí pudo olvidarle pues comprendió que no había perdido más que el tiempo ¿pero que había perdido Andrés? Pues la posibilidad de tener un primer amor perfecto, sin traumas de despedidas bajo acoso, sin aquella pena moral que le proponían los recuerdos, sin todas aquellas cicatrices que le dejo el atropello de su inexperiencia, una buena historia que contar, lástima que entonces no sabía  que pocas veces una mujer se acerca particularmente a un hombre buscando lo que todo hombre busca en cualquier mujer, cuando se ha de comprender eso entonces se entiende que dar amor no es sinónimo de responder a un deseo netamente físico y que más allá de una necesidad de carácter emocional, está la necesidad de que cada una de las partes este convencido de que en el otro encontrará aquello que le complementa, de otra forma solo sería un adicional y el
amor no está para adiciones. 



2 comentarios: