Al final uno termina enamorándose mucho más de las cosas simples que del
pintoresco amor de salón, seda y etiquetas, uno se aferra más a esas cosas que
pasan una y otra vez que de esas que vienen amarradas a las que llamamos fechas
especiales, se enamora uno de esas cosas que no necesitan de mucho para ser
perfectas, a las que nos acostumbramos y por las que esperamos cada día ya que
sabemos que nos harán falta, porque sin ellas nos sentiremos extraños e
incompletos. Uno se enamora más de esos
instante que ni siquiera duran un segundo, pero que tienen la marca imperdible
de eso que tanto apreciamos, una sonrisa, una mirada, un pequeño suspiro o un
sobresalto de emoción disimulada. Y es que uno termina siendo feliz con esos
minúsculos trozos de vida que a su suma terminan siendo lo que de verdad valió
la pena al final, lo que no cambiarias por nada. Porque es mejor enamorarse de
esa forma y no por momentos perfectamente elaborados que terminan dejándonos
exhaustos y quitándonos tiempo valioso para amar. Ya que cuando uno extraña uno
no se imagina asi mismo sentando en una mesa a la luz de una vela, con una copa
de vino y música de fondo, cuando uno extraña uno es invadido por aromas, por
colores, por lugares que siempre están allí pero que por la forma que tiene la
nostalgia de abrazarnos se ven distintos porque están alejados de lo que fueron
en algún momento. Uno no se enamora de caminos con pétalos de rosa, sino del
beso que viene después de ello y uno se acuesta con la esperanza de recibir un
mensaje de buenas noches, porque uno se habitúa a ese tipo de cosas y no a
enormes ramos de flores. Por eso yo prefiero caminar más mientras la brisa
juega con tus cabellos y los arboles nos hacen sombra, comer muchos dulces,
reír por las caras que hace la gente cuando nos escuchan decir las cosas que
solo tú y yo entendemos, ir por helados, hablar de cosas extrañas y sin sentido
hasta muy tarde, así si algún día no estás se me hará más fácil recordarte
porque eso durará más tiempo que una copa de vino espumoso. Entonces te
dedicaré muchas canciones que en tu ausencia traerán a mí la sombra de tu
sonrisa estirando la mía y me verán suspirar por la ventanilla del autobús de
camino a casa mientras observó el parquecito donde tantas veces nos hemos
besado y me acostaré antes de once para dejar que duermas temprano aunque no
estés, compraré un chocolate todas las tardes del mismo que siempre te regalo y
los sábados me invadirá esa extraña felicidad que me causa tener tu presencia
en mi casa, cada mañana me despertaré con la esperanza de ver tus buenos días
en la pantalla del móvil y cuando diga palabras que no te gusta que diga
también me acordaré de ti, porque será difícil no hacerlo. Y me daré cuenta que
uno es feliz y no lo sabe sino hasta que nota que toca desacostumbrarse de lo
montones de pequeñas cosas que ya no estarán en la ausencia de quien amamos.
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