Si uno se atreve a querer sin
complicaciones ni dudas, con la verdad en las manos, con los ojos bien abiertos
y con palabras limpias.
Uno comienza a ver a la otra persona
seguro de que encontrará infinitas razones para quedarse y uno se queda.
Suspirando el momento, abrazando el
abrazo, besando el beso, tocando la caricia se queda.
De repente uno no sueña, uno
se despierta
y ve que todo es real, que todo es perfecto.
Así que uno encuentra las palabras
correctas en los labios de la persona correcta.
Y uno se atreve a decir que extraña, que
piensa, que anhela, que recuerda.
Uno se atreve a decir que ama y lo hace
con las letras completas, sin temor a arrepentirse.
Entonces uno puede amar y hacer que otra persona lo ame.
Pero solo hay que atreverse.
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