lunes, 6 de julio de 2015

EL ESPEJO

Quizá fue la lluvia o el agua salada del mar. No sé, quizá fueron mis calles o mis playas. Tal vez fue mi gente y aquellas sonrisas las que rompieron el pacto de mis manos con la inocencia. Hoy no se ven vestidas con la ternura de hace mil soles, hoy el reflejo de mi rostro en el espejo es evidencia de que no soy el mismo, que algo ha cambiado, de que ya soy un hombre.

Y tal vez fue el silencio.
Silencio que reposaba en mi almohada, aquellas noches en que soñaba lo que quería de  mí, el que ha venido dibujando las líneas del tiempo sobre el cuerpo de una mujer que me ha dado nada más y na menos que esta vida.

Quizá fue ella, no, quizá no, yo estoy seguro que fue ella la que ha desgastado su ser para que fuese el cielo pintado en mi espacio el mundo que siempre quiso para mí, tal vez fueron sus lágrimas las que un día me quitaron la sed o aquellos días en que cortó sus alas para que fuese yo volando a conocer las estrellas.

Tal vez fueron mis tristezas, también pudo haber sido el amor, mi llanto en ocasiones, quien sabe, pero se transformó en pasión, en la energía de un grito que me enciende cada que soy yo.

Quizá fue este suspiro eterno ¿Y por qué no? mi adicción al arte, que constante y me empuja al sentir que no es más que la mejor manera que estar vivo.

Hoy veo mis ojos y mi mirada me sorprende, no sé si me asusta porque en instantes no la entiendo o porque en verdad se todo lo que en si significa.

Hoy veo en este espejo experiencias, recuerdos, momentos, si, también veo miedo porque son los que obligan a superarme, pero también veo esperanzas porque son las que me sacan del desespero.

Veo el paso del tiempo sobre mi piel, esas cicatrices que enmarcan historias irrepetibles, esas piernas que han recorridos cientos de caminos inimaginables, esos brazos que se han lastimado en la caída pero que me han ayudado a levantarme. 

Estos labios, labios que han dado miles de besos y que al igual que mi frente han recibido otros tantos, unos dulces, otros amargos, pero siempre perfectos. Veo las dudas de mi infancia, el niño que atravesaba la avenida de la mano de su madre, esa sonrisa peculiar de un infante sentado en los pupitres de la escuela, veo tantas amistades, unas que se han ido otras que pase lo que pase no se van, veo mi primer beso allí alojado donde van las cosas que no se olvidan, mi primer amor, la primera lagrima que quemó mis latidos, la primera sensación de extrañar a alguien, mi primera decepción.
Entonces lo sé, también fui yo y esta manía de afirmar mis pasos, de dejar mi huella, de ser distinto, de mi terquedad de creer en mi aunque otros digan que soy un fracaso.

Pero lo digo, tengo mucho más que palabras, mucho más que historias colgadas en las paredes de mi soledad.

Hoy puedo decir que no me vencen, ni la envidia, ni la arrogancia, ni el resentimiento, mucho menos las tristezas, no, por más que hagan huelgas en las puertas de mi alma


Y dilo, porque es cierto, hoy no tengo todo lo que quisiera tener, hoy no he vivido ni la mitad de lo que voy a vivir, no le he dado al mundo todo lo que le voy a dar, pero tengo cosas que no cualquiera tiene, por ejemplo; una excusa para despertar mis sueños y una razón para vivir esta locura.

Para: Héctor Cotes Avendaño
besodepapel

2 comentarios:

  1. Me gustó. En ciertas partes pareciera como si fuera yo la que se ve en el espejo.
    Saludos :)

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  2. Bastante bien. Es una muy buena descripción, he quedado encantada. El texto tiene los elementos para tener provocar una reacción de empatía en el lector. Felicidades.
    Saludos.
    Nos leemos.

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