El día
en que decidieses emprender tu camino,
el que ha sido dispuesto para ti y tus sueños, ese día el sol te parecerá más
cálido e intenso, te sentirás en casa, en tu propio mundo, pues aquel que ama
el invierno adora que la lluvia recorra su cuerpo como si fuese un beso del
cielo.
Supe
una vez de un par de amigos, un par de ingenuos e inocentes muchachos que
subestimaron su forma de vivir, tenían apenas cinco cuando fueron recibidos en
una escuela primaria, pero no fue hasta los doce en que se dieron cuenta que
habían pasado tanto tiempo en el mismo espacio que se les hacía extraño convivir
con la ausencia del otro. Matías y Santiago, dos chicos de una ciudad costera
que apenas y podía permanecer en pie debido a los ultrajes de los que fue
víctima por tantos años. Ellos héroes
del silencio porque convivieron de pie sobre las miserias de la gente que no
pensaron en verlos algún día a la luz del éxito. Dos mentes ingenuas, pero brillantes, que por
medio de una jugarreta a modo de venganza y reproche lograron paralizar un país
entero. Los dueños de las quejas que invadieron por más de un mes la plaza de
San Carlos, un monumento dedicado a otro héroe al que se le modificó su
historia para simpatizar con el pueblo, una mañana cientos de panfletos
adornaron sus baldosas, pero no eran amenazas como comúnmente vemos en nuestro
adorable país en vía de desarrollo, no, eran versos satíricos compuestos a la
medida de la realidad de una ciudad agonizante en corrupción, se volvieron un misterio hasta que dieron con
los culpables muchos días después.
Santiago
y Matías jamás pensaron recibir al ministro de cultura en su escuela, allí
delante de su profesora de sociales y demás compañeros, fueron
anunciados para recibir una beca en la universidad que quisiesen. Sus mentes no
asimilaban el cambio que habían logrado en el pensamiento de su sociedad, el
giro que le habían dado al futuro esa ciudad, no se habían dado por enterado
que sus palabras circulaban por la calles de Europa y Norte América impresos en
los periódicos más importante del mundo, habían subestimado sus alcances y hoy veían
las consecuencias de hacer libre uso de sus
capacidades.
En
aquellos tiempos donde había más confusión que razón en sus mentes, donde el
amor y la lujuria paseaban por los pasillos de la escuela, dos jóvenes de
apenas diecisiete años tomaron un vuelo a Londres, para abrir las puertas de sus
sueños. Ambos deseosos por un futuro prometedor, tan llenos de sueños que
apenas y podían darle significado a la sonrisa que el uno veía en el otro, parecían
estar estáticos en la misma emoción. De
pronto eran los dueños de sus vidas.
Ambos
de familias pobres, de lucha diaria y ropas heredadas. Dos rostros sucios por
la amargura de los suyos, peleaban juntos contra las tribulaciones tratando a
menudo mostrar una sonrisa, un par de amigos de esos que solo hay un par en el
mundo, Santiago el más calmado, de tez serena, mirada profunda y cabellos crespos,
era el menor de tres hermanos, criado únicamente por su madre, un chico dulce
que rara vez se veía envuelto en líos, bastante delgado y de cuerpo alargado
como si lo hubiesen estirado, tenía una piel blanca, que a menudo se veía roja
por el sol y el calor, un artista silencioso, que nunca hizo escándalos ni
berrinches por no tener todo lo que quisiese, madurado a golpes y sobre
explotado en su paciencia, llevaba en si cierta cantidad de malos tratos y
decepciones que le acumulaban el pecho de angustias, pero solo lloraba en las
noches, en el tejado de su casa, mientras dejaba que la luna le llenara la
cabeza de palabras. Matías en cambio era un niño mimado como se conoce, a pesar
de que tampoco tenía comodidades, era la esperanza de una familia que siempre
quiso que creciese con una venda en los ojos, con ropas siempre lucidas,
zapatos nuevos y cuadernos de marca, era el sol de una escuela que poco tenía
que enseñar a la vida de unos jóvenes que más bien serian maestros de ella, Matías
un rebelde organizado, siempre conspirando en contra de todo aquello que interferiría
con sus ideales, dueño de ideas de movilización social, de movimientos
políticos y de asaltos a calles públicas, un muchacho de buena contextura, de
cortes de cabello raso, blanco como sus padres, de nobles intensiones pero de
no tan buenas acciones, era el único que removía a Santiago de la sensación de
no tener nada, un hijo de simpatizantes comunistas, una verdadera figura de su
entorno adolescente, pero esa no era su realidad, el escribía poesía, aunque
satírica no se deshacía de la estética y
muchas veces se expresó de si sintiendo un vacío en donde debería haber cariño
hacia una persona, quizá eso fue lo que lo que lo entusiasmó, el hecho de salir
de ese gris mundo le llenó de expectativas frente al amor, él, quien fue descubierto únicamente por Santiago soltando
una lagrima de tristeza el día en que fue rechazado por una mujer, días en que
se llenaba de preguntas, al tiempo que
su personalidad iba bajando la guardia, fue dejando uno a uno los puños,
dejándose absorber por la nostalgia que le emergía desde dentro, hasta que un
día se encontró amable ante unos ojos que lo miraban de arriba abajo y decían
no reconocerlo, un día en que Santiago le dijo que le encantaba por fin
conocerlo, conocerlo de verdad.
El día
en que ambos recibieron la noticia acordaron en la noche cuál sería su país de
destino y cuando ya todo estuvo listo para decir adiós, se prometieron volver
juntos a ese lugar, a pesar de todo. Era inevitable contener la alegría en ese
momento en que empacaron el último trapo, un auto venia recogerlos en la
madrugada y los llevaría al aeropuerto para
que un avión los dejara en la capital y de allí tomar el vuelo hacia el
viejo continente.
Matías
no sabía que Santiago no quería partir,
no así de repent, porque había sido
besado por el amor, una hermosa joven de piel canela y cabellos castaños, se
robaba sus palabras, no había sino una opción y decidió hacer una
promesa oficial en casa de sus padres y prometió volver para casarse con
aquella mujer. Matías no hizo reproches al respecto, quizá poco le importaba, pues
nunca había sentido eso o no sabía que
conocía ese sentimiento y no lo
entendía, así que se fue como si no tuviese nada que dejar o perder.
Aquellos
días en Londres fue donde descubrió
dentro si una fuerte admiración por los valores y las buenas acciones, tanto
que abandonó la literatura para dedicarse a la caridad, lo que le obligó a
alejarse de su gran amigo por muchos años.
Como miembro de una fundación conoció el mundo entero, por más de cinco
años recorrió todos los meridianos, al tiempo que leía una y otra vez los libros
de Santiago, quien había publicado entonces un total de tres obras de gran
calidad y contenido.
No
dejaba nunca de enviarle correos y trataba de mantenerse al tanto de su
crecimiento como escritor, entendiendo que nadie más podría comprender esas
líneas como lo hacía él, lo admiraba de manera profunda y se arrullaba en la
nostalgia cuando la noche caía después de un día más sin ver a su amigo, la
misma nostalgia de antes, esa que lo hizo cambiar, esa sensación extraña que lo
acompañaba en las tardes de camino a la casa, cuando ambos cansados de lanzarse
de cabeza al mar, compartían un refresco y regresaban a pie. Desde entonces
descubrió un sentimiento que no lograba ajustar en su razón. Hasta que un día
se sorprendió besando los labios de una mujer sin sentir absolutamente nada. Esa
semana regresó a su ciudad para cumplir con la petición de ser el padrino de la
boda de Santiago, allí le vio de nuevo, tan diferente, con sus ojos grandes,
llenos de experiencia y conocimiento, con esa barba negra que le sentaba tan bien
a su estilo, tan sencillo y fresco como siempre, entrando al altar, vestido de negro, con una
enorme sonrisa en el rostro que evidenciaba su orgullo, un héroe de la
literatura y el silencio.
Matías
se observaba desde dentro como un niño pequeño, intimidado por su temor, al
tanto Santiago decía sus votos, él
parecía irse alejando palabra a palabra, cuando el padre dijo; puede besar a la
novia, lo entendió.
Lo
amaba, lo amaba de verdad, no como amigo, ni como hermano, lo amaba como
hombre, esa sensación extraña no era más que el deseo de sentir sus labios
sobre los suyos, lo amó desde siempre y no lo había visto de esa forma sino
hasta ese día. Pero sabía que nada podía hacer, que era un imposible compartir
ese sentimiento siendo tan distintos desde esa perspectiva. Hasta allí llegó su
amistad, hasta allí. Después de la celebración marchó sin decir una sola
palabra, tomó su aflicción y la empacó en su maleta, e intentó sentirse feliz
de algún modo, pues la persona a quien amaba ya lo era y eso es bueno.
No
volvió a verlo, ni a saber de él y tristemente nunca se decidió a amar a otra persona
Debes sentirte feliz por tener la capacidad de describir y describir, para algunos eso nos es muy complicado, especialmente si tu deseo es escribir una novela algún día, eso te ayudará mucho. Sin embargo, un cuento debe de ser más directo, mucha descripción puede distraer la atención además de que es cansado, te recomiendo trates de abusar menos de esto en futuros cuentos.
ResponderEliminarEspero que te ayude.
Saludos.
Es muy cierto, pero es que a veces busco mas que un cuento mostrar personajes y para ello necesito describirlos en varios puntos... muchas gracias por el apunte, me parece bastante pertinente y trataré de usarlo a mi favor. Saludes
EliminarEspero sigamos leyéndonos.
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