viernes, 16 de enero de 2015

AMIGOS DEL SILENCIO


El día en que decidieses emprender  tu camino, el que ha sido dispuesto para ti y tus sueños, ese día el sol te parecerá más cálido e intenso, te sentirás en casa, en tu propio mundo, pues aquel que ama el invierno adora que la lluvia recorra su cuerpo como si fuese un beso del cielo.
Supe una vez de un par de amigos, un par de ingenuos e inocentes muchachos que subestimaron su forma de vivir, tenían apenas cinco cuando fueron recibidos en una escuela primaria, pero no fue hasta los doce en que se dieron cuenta que habían pasado tanto tiempo en el mismo espacio que se les hacía extraño convivir con la ausencia del otro. Matías y Santiago, dos chicos de una ciudad costera que apenas y podía permanecer en pie debido a los ultrajes de los que fue víctima por tantos años.  Ellos héroes del silencio porque convivieron de pie sobre las miserias de la gente que no pensaron en verlos algún día a la luz del éxito.  Dos mentes ingenuas, pero brillantes, que por medio de una jugarreta a modo de venganza y reproche lograron paralizar un país entero. Los dueños de las quejas que invadieron por más de un mes la plaza de San Carlos, un monumento dedicado a otro héroe al que se le modificó su historia para simpatizar con el pueblo, una mañana cientos de panfletos adornaron sus baldosas, pero no eran amenazas como comúnmente vemos en nuestro adorable país en vía de desarrollo, no, eran versos satíricos compuestos a la medida de la realidad de una ciudad agonizante en corrupción,  se volvieron un misterio hasta que dieron con los culpables muchos días después.
Santiago y Matías jamás pensaron recibir al ministro de cultura en su escuela, allí delante de su profesora de sociales y demás compañeros, fueron anunciados para recibir una beca en la universidad que quisiesen. Sus mentes no asimilaban el cambio que habían logrado en el pensamiento de su sociedad, el giro que le habían dado al futuro esa ciudad, no se habían dado por enterado que sus palabras circulaban por la calles de Europa y Norte América impresos en los periódicos más importante del mundo, habían subestimado sus alcances y hoy veían las consecuencias  de hacer libre uso de sus capacidades.
En aquellos tiempos donde había más confusión que razón en sus mentes, donde el amor y la lujuria paseaban por los pasillos de la escuela, dos jóvenes de apenas diecisiete años tomaron un vuelo a Londres, para abrir las puertas de sus sueños. Ambos deseosos por un futuro prometedor, tan llenos de sueños que apenas y podían darle significado a la sonrisa que el uno veía en el otro, parecían estar estáticos en la misma emoción.  De pronto eran los dueños de sus vidas.
Ambos de familias pobres, de lucha diaria y ropas heredadas. Dos rostros sucios por la amargura de los suyos, peleaban juntos contra las tribulaciones tratando a menudo mostrar una sonrisa, un par de amigos de esos que solo hay un par en el mundo, Santiago el más calmado, de tez serena, mirada profunda y cabellos crespos, era el menor de tres hermanos, criado únicamente por su madre, un chico dulce que rara vez se veía envuelto en líos, bastante delgado y de cuerpo alargado como si lo hubiesen estirado, tenía una piel blanca, que a menudo se veía roja por el sol y el calor, un artista silencioso, que nunca hizo escándalos ni berrinches por no tener todo lo que quisiese, madurado a golpes y sobre explotado en su paciencia, llevaba en si cierta cantidad de malos tratos y decepciones que le acumulaban el pecho de angustias, pero solo lloraba en las noches, en el tejado de su casa, mientras dejaba que la luna le llenara la cabeza de palabras. Matías en cambio era un niño mimado como se conoce, a pesar de que tampoco tenía comodidades, era la esperanza de una familia que siempre quiso que creciese con una venda en los ojos, con ropas siempre lucidas, zapatos nuevos y cuadernos de marca, era el sol de una escuela que poco tenía que enseñar a la vida de unos jóvenes que más bien serian maestros de ella, Matías un rebelde organizado, siempre conspirando en contra de todo aquello que interferiría con sus ideales, dueño de ideas de movilización social, de movimientos políticos y de asaltos a calles públicas, un muchacho de buena contextura, de cortes de cabello raso, blanco como sus padres, de nobles intensiones pero de no tan buenas acciones, era el único que removía a Santiago de la sensación de no tener nada, un hijo de simpatizantes comunistas, una verdadera figura de su entorno adolescente, pero esa no era su realidad, el escribía poesía, aunque satírica no se deshacía de la estética  y muchas veces se expresó de si sintiendo un vacío en donde debería haber cariño hacia una persona, quizá eso fue lo que lo que lo entusiasmó, el hecho de salir de ese gris mundo le llenó de expectativas frente al amor, él, quien fue  descubierto únicamente por Santiago soltando una lagrima de tristeza el día en que fue rechazado por una mujer, días en que se llenaba de preguntas, al tiempo  que su personalidad iba bajando la guardia, fue dejando uno a uno los puños, dejándose absorber por la nostalgia que le emergía desde dentro, hasta que un día se encontró amable ante unos ojos que lo miraban de arriba abajo y decían no reconocerlo, un día en que Santiago le dijo que le encantaba por fin conocerlo, conocerlo de verdad.
El día en que ambos recibieron la noticia acordaron en la noche cuál sería su país de destino y cuando ya todo estuvo listo para decir adiós, se prometieron volver juntos a ese lugar, a pesar de todo. Era inevitable contener la alegría en ese momento en que empacaron el último trapo, un auto venia recogerlos en la madrugada y los llevaría al aeropuerto para  que un avión los dejara en la capital y de allí tomar el vuelo hacia el viejo continente.
Matías no sabía que Santiago no quería partir, no así de repent, porque  había sido besado por el amor, una hermosa joven de piel canela y cabellos castaños, se robaba sus palabras, no había sino una opción y decidió hacer una promesa oficial en casa de sus padres y prometió volver para casarse con aquella mujer. Matías no hizo reproches al respecto, quizá poco le importaba, pues nunca había sentido eso  o no sabía que conocía ese sentimiento y no lo entendía, así que se fue como si no tuviese nada que dejar o perder.
Aquellos días en Londres  fue donde descubrió dentro si una fuerte admiración por los valores y las buenas acciones, tanto que abandonó la literatura para dedicarse a la caridad, lo que le obligó a alejarse de su gran amigo por muchos años.  Como miembro de una fundación conoció el mundo entero, por más de cinco años recorrió todos los meridianos, al tiempo que leía una y otra vez los libros de Santiago, quien había publicado entonces un total de tres obras de gran calidad y contenido.

No dejaba nunca de enviarle correos y trataba de mantenerse al tanto de su crecimiento como escritor, entendiendo que nadie más podría comprender esas líneas como lo hacía él, lo admiraba de manera profunda y se arrullaba en la nostalgia cuando la noche caía después de un día más sin ver a su amigo, la misma nostalgia de antes, esa que lo hizo cambiar, esa sensación extraña que lo acompañaba en las tardes de camino a la casa, cuando ambos cansados de lanzarse de cabeza al mar, compartían un refresco y regresaban a pie. Desde entonces descubrió un sentimiento que no lograba ajustar en su razón. Hasta que un día se sorprendió besando los labios de una mujer sin sentir absolutamente nada. Esa semana regresó a su ciudad para cumplir con la petición de ser el padrino de la boda de Santiago, allí le vio de nuevo, tan diferente, con sus ojos grandes, llenos de experiencia y conocimiento, con esa barba negra que le sentaba tan bien a su estilo, tan sencillo y fresco como siempre,  entrando al altar, vestido de negro, con una enorme sonrisa en el rostro que evidenciaba su orgullo, un héroe de la literatura y el silencio.
Matías se observaba desde dentro como un niño pequeño, intimidado por su temor, al tanto Santiago decía sus votos, él parecía irse alejando palabra a palabra, cuando el padre dijo; puede besar a la novia, lo entendió.
Lo amaba, lo amaba de verdad, no como amigo, ni como hermano, lo amaba como hombre, esa sensación extraña no era más que el deseo de sentir sus labios sobre los suyos, lo amó desde siempre y no lo había visto de esa forma sino hasta ese día. Pero sabía que nada podía hacer, que era un imposible compartir ese sentimiento siendo tan distintos desde esa perspectiva. Hasta allí llegó su amistad, hasta allí. Después de la celebración marchó sin decir una sola palabra, tomó su aflicción y la empacó en su maleta, e intentó sentirse feliz de algún modo, pues la persona a quien amaba ya lo era y eso es bueno.
No volvió a verlo, ni a saber de él y tristemente nunca se decidió a amar a otra persona


3 comentarios:

  1. Debes sentirte feliz por tener la capacidad de describir y describir, para algunos eso nos es muy complicado, especialmente si tu deseo es escribir una novela algún día, eso te ayudará mucho. Sin embargo, un cuento debe de ser más directo, mucha descripción puede distraer la atención además de que es cansado, te recomiendo trates de abusar menos de esto en futuros cuentos.
    Espero que te ayude.
    Saludos.

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    1. Es muy cierto, pero es que a veces busco mas que un cuento mostrar personajes y para ello necesito describirlos en varios puntos... muchas gracias por el apunte, me parece bastante pertinente y trataré de usarlo a mi favor. Saludes

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