Noche, noche ruidosa y oscura que
entre la penumbra envías a los amos del tiempo.
Noche larga y fría alguna vez me
entendiste y reíste conmigo, hoy solo te burlas de mis recuerdos y me anulas el
sueño, porque en tus caricias veo que no has sido enviada para socorrer mi
dolor.
A mí no me asusta tu compañía
pero mirarte me da tristeza, porque tienes un hedor a lo ausente que no soporto y me asfixias cada que intentas atajarme entre tus sabanas negras.
Lo sé, es difícil estar solo, más cuando somos
compañía y sabes que mientras viva jamás seré tuyo, ni tu podrás calmar mis ansias
con tus manos frías. Amante mía, como si
hubieses sido mujer algún día, como si fueses una flor marchita que renace en
el mundo cada que la estrella de oriente extingue sus alas.
Abundante y vacía como si tenerte fuese un
absurdo más que mis sueños anhelan.
Morena de mis pensamientos que en mi sed
espera a que en los cielos se destiña la luz y mientras la humanidad muere
entre tus brazos abofeteas mi cansancio y me pides que te escuche. Vasija de
mis lágrimas que sacude mis temores y me permite quedarme una noche más. Reviven
tus misterios, convirtiéndote en la dueña de la voz de mi amor, que por ti no
agoniza y no se desvanece.
Noche que con el tiempo amarrado a la cintura me
despojas de la cordura y me obligas a esperarte. Noche que en mi lamento vive y
me desnuda, que a veces me escuda y otras veces está allí para ultrajarme.
Siempre estaré delirando con tus besos y si algún día me duermo y te abandono
por una noche, recuerda que después de la muerte seré eternamente tu compañía e
iré de tu mano rescatando amantes y poetas, acompañando la lujuria de los
desposeídos, cuando el sol muera habremos vencido y el mundo solo será tuyo y será
mío.
Noche mía, te pido que esperes por mí.

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