jueves, 28 de mayo de 2015

COMO NO SE DEBE QUERER A UNA MUJER


La quise muchas veces, es cierto, como no se debe querer a una mujer, la quise.
En muchos momentos, en muchos espacios, en muchos vacíos, en muchas lágrimas, en muchas sonrisas y con infinitas cicatrices.
La quise hasta sentir que quererla más no era posible.
La quise con canciones, con abrazos, con sueños y caricias frías desapacibles.
La quise después del tiempo, después de los años y después de dejar de quererla la volví a querer.
A veces la quise con ganas, a veces con miedo y a veces la quise más estando solo que estando con ella otra vez.
La quise en mi cama, la quise en mis brazos, la quise con dolor y un hedor insoportable de desprecio.
La quise con sus mentiras adheridas con retazos de fe en lo más profundo de mi pecho.
La quise hasta no quererla, hasta después de olvidarla, hasta después de odiarla, hasta después de querer a otra, la quise.
La quise con palabras de rencor, con paredes de orgullo, con suma impotencia y con brotes de ira en aquellos días grises
La quise aun cuando dejo de ser mía y aun cuando estuvo en brazos de otro.
La quise aun cuando me rogó que dejara de hacerlo y mis sentires terminaron rotos
La quise con desprecio, con arrogancia, con palabras despecho.
La quise por venganza, por desilusión y por más excusas que hechos.
La quise con un corazón podrido de vivir de ella.
La quise con rabia, con golpes de desesperación.
La quise aunque el cielo dejara de tener estrellas
La quise enfermo, estando ciego sin más que ver por sus ojos que no recuerdo ver llorar.
La quise aterrado, encerrado, sordo y detestado, con las manos vacías y cansadas de esperar.
La quise con ganas de no hacerlo.
La quise distante y en las noches de silencio
Lo sé la quise por terco, por confiado, por ingenuo, lo sé.
Y cuando ya no sentí quererla, entonces me enamoré de ella.

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